Inspección antes que reproducción
Revisamos olor, brillo y tensión del bobinado antes de acercar cualquier cinta a un cabezal. Si hay hongos o deformación, se estabiliza primero. Preferimos perder una escucha que arruinar una grabación de 1987.
Desde 2019 trabajamos con coleccionistas, sellos que ya no editan, familiares de músicos y centros de documentación. No hay convenios comerciales ni canjes publicitarios: cada nombre de esta lista respalda un trabajo concreto de catalogación, limpieza o transferencia que quedó documentado en el archivo.
Sello Cuatro Pistas
Nos cedieron su catálogo completo de casetes editados entre 1986 y 1991, con las hojas de mezcla originales. Fue el primer fondo que digitalizamos de punta a punta.
Archivo Sonoro Villa Crespo
Intercambio de fichas técnicas y criterios de conservación preventiva para cintas con hongos. Trabajamos juntos el protocolo de inspección previa a la reproducción.
Familia Ruiz Díaz
Donaron catorce casetes de ensayos inéditos de un grupo de San Miguel. Acompañaron el material con un cuaderno de letras y fotos de los recitales.
Biblioteca Popular La Serranía
Nos abrieron su sala para digitalizar en sitio cintas que no podían salir del edificio. Ahí transferimos grabaciones de radio comunitaria de los noventa.
Colectivo Ruido de Fondo
Nos ayudaron a rastrear sellos que editaron tiradas mínimas y a contactar a sus responsables. De ahí salieron varias entrevistas publicadas en Historias.
Taller de Restauración Analógica Sur
Revisaron nuestros reproductores y nos formaron en limpieza de cabezales. Sin ese mantenimiento, varias cintas no habrían sobrevivido a la lectura.
Si representás un sello, una biblioteca o una familia con material de los años ochenta y noventa, podés escribirnos a archivo@tapefromhell.com y coordinamos una revisión previa sin compromiso.
No trabajamos con métricas infladas ni con promesas de restauración perfecta. Lo que diferencia a Tape From Hell de una colección privada o de un catálogo digital es el método: cada cinta se documenta antes de tocarla, cada decisión queda registrada y cada grabación conserva su contexto de origen.
Revisamos olor, brillo y tensión del bobinado antes de acercar cualquier cinta a un cabezal. Si hay hongos o deformación, se estabiliza primero. Preferimos perder una escucha que arruinar una grabación de 1987.
Cada casete entra con su historia: quién lo grabó, en qué cuarto, con qué equipo y por qué circuló. Esa información viaja con el archivo digital y evita que una cinta quede como objeto suelto.
Transferimos a la tasa más alta que permite el soporte y no aplicamos reducción de ruido agresiva. El siseo, el wow y el flutter forman parte del documento sonoro y se conservan como referencia.
Cuando un sello editó veinte casetes, sabemos cuáles aparecieron, cuáles faltan y qué versiones circularon. Esa contabilidad aburrida es la que permite hablar de una escena y no de anécdotas sueltas.
No todo lo que suena entra. Priorizamos grabaciones caseras, sellos independientes y materiales que aportan algo al mapa de los años 80 y 90 en Buenos Aires. El resto se documenta como referencia.
Quien presta una cinta recibe una copia digital de trabajo y el detalle de lo que se hizo con su material. Sin eso, el archivo sería una extracción, no un acuerdo.
Si querés ver cómo aplicamos este criterio en la práctica, revisá nuestro enfoque de trabajo o volvé al inicio del archivo.